DVD 124 mins IMDB
800 balas
 (2002)
In Collection
#677

Seen It:
Yes
Comedy, Western
Spain  /  Spanish

Sancho Gracia Julián Torralba
Ángel de Andrés López Cheyenne
Carmen Maura Laura
Eduardo Antuña Taxi driver
Ramón Barea Don Mariano
Luis Castro Carlos Torralba
Ramón Del Pomar Doble de Clint
Cesáreo Estébanez Andrés
Luciano Federico Enterrador
Ane Gabarain Jacinta

Director Álex de la Iglesia
Writer Jorge Guerricaechevarría; Álex de la Iglesia

Texas - Hollywood es un polvoriento poblado del Oeste - Almería - donde hace ya décadas que no se ruedan películas. Allí malviven Julián, un veterano especialista de cine, y una serie de marginados y nostálgicos que se ganan el sustento recreando patéticas escenas de acción para los escasos turistas que visitan la zona.
De la noche a la mañana, todo su mundo se tambalea por la aparición de Carlos, un niño que dice ser el nieto de Julián, y Laura, su madre, que se ha empeñado en amargarles la vida a todos.

Edition Details
Region Region 1
Release Date 2003
Nr of Disks/Tapes 1

Notes
CULTURA Y ESPECTÁCULOS
ÁLEX DE LA IGLESIA APUNTA... Y DISPARA


ÁLEX DE LA IGLESIA.

EL PAÍS - 01-08-2002
El director ha renunciado a las glorias del verano para acabar la posproducción de '800 balas', filme sobre los especialistas de 'spaghetti westerns' que sobreviven en Almería. Él mismo cuenta la agonía de un trabajo apasionado en el que se lo juega todo. Es verano en Madrid. Hace más de cuarenta grados y por alguna razón que no recuerdo, carezco de aire acondicionado. Las gotas de sudor me hacen cosquillas, en su incierto viaje por mis formas oblongas, refugiándose en ocultos michelines inexplorados por el hombre. Escribo estas líneas en calzoncillos, única vestimenta posible si se desea sobrevivir a este calor inhumano. Mi aspecto es cada día más deplorable, si cabe. Me estoy asilvestrando: no llevo calcetines, ni me peino. Me da la sensación de ser el último habitante de la tierra, el hombre omega, superviviente a la catástrofe nuclear definitiva. Los dedos resbalan sobre las teclas del ordenador, húmedas por el sudor radioactivo que se desprende de mi ceño fruncido. La mesa es un bosque de ceniceros rebosantes de colillas, bolsas de patatas saladas sabor jamón, libros que pretendo leer y nunca pasaré de la primera página, guiones que jamás verán mis ojos, enrojecidos por el insomnio. La pregunta obvia es: ¿Porqué no abandonar Madrid, y refugiarse en un lugar fresco, frondoso, húmedo incluso, donde mis maltrechos pies chapoteen alegres entre las olas, y la brisa del mar acaricie mi vientre desproporcionado? ¿Porqué no escapar a Islandia, a Finlandia, a Disneylandia? Esa es la pregunta, y no puedo responder más que con una rotunda negativa. No. No puedo. Estoy aquí en Madrid, encerrado en mi casa, atrincherado tras las persianas bajadas, porque tengo una misión. Sí, como los jesuitas en America evangelizando a los pobres incas, como Armstrong volando hasta la luna, o como Chuck Norris en Vietnam, salvando a sus colegas prisioneros. Se me ha encomendado una misión y no puedo abandonar ahora. Sí, amigos, voy a acabar la posproducción de 800 balas y voy a hacerlo a toda potencia. El cansancio, el agotamiento, la desesperación son palabras huecas en mis oídos. Soy una piedra, una piedra constante, cabezona, dispuesta a llegar hasta el fin, soy un buda de granito de cuarenta metros de alto inmune a los ataques integristas. Pero, ahora, desde mis piernas cruzadas, mi amplia sonrisa y mis colosales orejas colgantes, veo el camino recorrido, y lo que falta todavía.

Hacer una película, escribir un libro, elegir un restaurante: son ése tipo de empresas humanas que te definen, que te dibujan a fuego en el asfalto recalentado, como si fuese tu sombra. Uno es lo que hace, ni más ni menos. Eso es algo que he aprendido con el tiempo. Uno nunca es lo que pretende, tristemente. Uno tampoco es lo que los demás ven él, afortunadamente. Uno es lo que demuestra ser. El cine es una ética, una disciplina moral. Una película dice TODO de su director, le explica, le justifica o le hunde en el más sucio de los fangos. Yo soy, para bien o para mal, mis películas. Guardo en el interior de mi alma entumecida todos sus defectos, sus arritmias, sus exageraciones, sus fisuras. Yo soy el culpable, el culpable total de todo. No hay medias tintas. Mi película llega hasta donde llego yo. Si progreso como persona, mejoraré como director. Entiéndanme bien. No estoy hablando de un progreso hacia una hipotética bondad, abandonando los tortuosos caminos del pecado. No. Hablo de aumentar la capacidad del disco duro, de mejorar en contenidos, sean del tipo que sean. Pues bien, desde esa perspectiva, intentaré explicar cómo es mi película. Mejor que las anteriores, sin duda. Cuento mejor lo que quiero contar. Esto lo digo con aplomo. ¿Y qué diablos quiero contar? ...Necesito un respiro. Este tipo de introspecciones en carne viva pueden llegar a agotarme, pero creo que, de alguna manera, son necesarias. Somos creadores públicos, no 'artistas' con un complejo mundo interior, sedientos de festivales y canapés. Debemos explicar en qué diablos consiste esto de hacer cine, qué diablos pasa por nuestro cerebro, cuáles son nuestras preocupaciones, nuestras frustraciones. El público que nos soporta y nos mantiene se lo merece. Basta ya de petardeo, por Dios. Eso no es cine. Este negocio es complicado, cada día más, y cuanto más se sabe más miedo se tiene, y más complejo y resbaladizo es el juguete.

800 balas es la historia de un tipo que es capaz de todo por vivir como a él le apetece. Un tipo que vivió una época perfecta, donde todas las noches eran una fiesta, y los días un mundo fantástico, lleno de batallas, héroes y leyendas. Pero un día ese mundo desapareció. Todos se fueron y se quedó sólo, en ese decorado vacío y polvoriento. En su locura, decidió refugiarse tras las fachadas de madera y no salir jamás. Malvivía divirtiendo a turistas, convirtiendo su arte en farsa. ¡Mejor eso que desaparecer en las fauces de la mediocre y monstruosa realidad! Un día hasta eso peligra: su estúpido paraíso de cartón piedra va a ser destruido, y tiene que plantar cara a la bestia para que no le engulla.

Eso es lo que cuento en 800 balas, soberbiamente interpretado por el genial Sancho, mi amigo, mi maestro, mi sueño. Sancho ES exactamente lo que yo quería, pero más. Más porque ha puesto mi alma en la pantalla, pero sobre todo la suya. Sancho ha dado lo mejor de sí mismo hasta niveles inconcebibles. Sí, suelo ser un tipo exagerado, pero por favor, créanme esta vez. Gracias a Sancho, la historia cobra vida, pilla peso, no sé, es como si Sancho le inyectara verdad a cada plano. De acuerdo, me estoy implicando demasiado, pero, qué demonios, ¿No es precisamente éso de lo que va este negocio? Yo me he jugado y me juego la vida -y la de los demás, algunas veces- rodando una secuencia. ¿Lo sabe éso la gente? ¿Saben que para rodar un plano la gente se juega la vida? Siempre parece que todo sale bien. Pero ¿quién sabe si esta vez, esta vez, precisamente, es la que algo falla? A veces arriesgo demasiado. Algunos me preguntan ¿porqué ruedas acción así? ¿Porqué no lo haces más sencillo? ¿Porqué tiene que ser real? No sé responder esta pregunta con argumentos, sólo con sensaciones. Tiene que ser así porque así me lo he imaginado, y tengo que forzar el carro hasta hacerle saltar chispas si quiero que la diferencia entre lo que he soñado y lo que he rodado no me rompa el alma. Siento que debe ser así. Así es el negocio. Si no, es mejor dejarlo. Quizá a otros no les cueste tanto esfuerzo, a mí me hace sudar tinta.

Otra cosa que quería contar en 800 balas es que en este mundo es posible divertirse. Y eso también creo que lo he contado bien. Creo, además, que la única manera de hacerlo plenamente es asumir las consecuencias. 'Hay que aprovechar los intervalos entre putada y putada', dice Sancho, en la película. 'No divertirse cuando uno puede es el mayor pecado del mundo'. La película, por tanto, también es una comedia salvaje, una comedia loca. ¿Puede convivir eso con secuencias dramáticas? Algunos grandes lo consiguieron. Yo necesito contarlo así, en una ensalada terrible, porque así me funciona la cabeza. Necesito haberme reído para llorar con ganas, y la risa sabe mejor si se ha sufrido. No sé. También creo que la vida es así. Evidentemente no es una comedia, pero algunos acontecimientos políticos lo parecen. Y sin embargo, mirándolos desde otro ángulo, son angustiosamente trágicos. Sobran ejemplos.

Termino ya. Sólo quería deciros que la posproducción va de perlas, y que tengo unas ganas horrorosas de acabar la película para que disfrutéis de ella. Cuando alguien me dice sinceramente 'me gustó tu película', siento que todo este esfuerzo merece la pena. Lo que hago sirve para algo. Qué alegría notar esa maravillosa sensación de plenitud. Ojalá vuelva a ocurrir otra vez, y me ayude a olvidar el calor que estoy pasando.

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Álex de la Iglesia rinde homenaje a los secundarios del cine en '800 balas'
Sancho Gracia es un curtido especialista de 'westerns' en el filme, presentado ayer en Sitges

TERESA CENDRÓS - Sitges

EL PAÍS - Espectáculos - 12-10-2002

Hacía tiempo que Álex de la Iglesia buscaba la manera de declarar su amor por el cine en una película y lo ha conseguido en la sexta, 800 balas. El filme, que ayer se presentó en el Festival de Cine de Sitges, es, según su director, un reconocimiento a los especialistas, los técnicos, los secundarios..., en definitiva, todos aquellos profesionales que nunca ocupan los primeros lugares en los créditos. 800 balas, que recrea el trasnochado mundo de un grupo de especialistas de películas del Oeste en Almería, está protagonizada por Sancho Gracia, Ángel de Andrés López y Carmen Maura. El equipo artístico al completo del filme acudió ayer a Sitges para apoyar 800 balas -que llega a las pantallas comerciales el viernes próximo-, con la que el propio Álex de la Iglesia debuta como productor. En la rueda de prensa posterior a la proyección de la cinta, el director de títulos tan rotundos como El día de la bestia y La comunidad explicó que eligió Almería para situar 800 balas no tanto porque quisiera emular los famosos spaghetti western que allí se rodaron en las décadas de 1960 y 1970, sino 'como un símbolo'. 'Almería fue en esos años uno de los lugares más importantes del mundo del cine, casi tanto como Hollywood', aseguró el cineasta bilbaíno, y continuó: 'Las personas que participaron en esos rodajes vivieron una circunstancia excepcional, alucinante, y nadie se ha preocupado de recordarlo. Algunos de esos secundarios, cuando se acabó Almería como set de westerns y películas de acción, abandonaron el cine, pero otros se refugiaron en la locura'.

Uno de estos últimos es en 800 balas el personaje de Julián Torralba, al que da vida Sancho Gracia, sesentón, perdedor, alcohólico y pendenciero, que fue en tiempos doble de Clint Eastwood y de George C. Scott. Abandonado por su familia y atormentado por la culpa de la muerte de su hijo, ahora es uno de los protagonistas de un espectáculo para turistas en un poblado del Oeste del que la industria del cine prescindió 30 años atrás.

De la Iglesia escribió el personaje de Julián para Sancho Gracia. 'Ése es el orgullo y el deseo de todo actor, que haya un director que escriba papeles para uno', señaló Gracia, y dirigiéndose al cineasta le dijo cariñosamente: 'Y si ese director es nuestro gordito particular, más aún'. De la Iglesia aseguró que 'Sancho y su personaje son realmente muy parecidos'. Él también, como Julián, 'quería hacerlo todo'. 'Al principio, me negaba', contó el director, 'pero tanto insistía que al final dije 'venga que lo haga', a ver si hay suerte y no le pasa nada grave'.

También el personaje de Laura, la nuera de Julián, que interpreta Carmen Maura, una ejecutiva obsesionada por alejar a su único hijo del ambiente en el que vive su abuelo, fue hecho a medida. Maura, que ya protagonizó La comunidad, aseguró, convencida, que 'siempre' acudirá a la llamada de Álex de la Iglesia.

El director tuvo el casting que quiso -Eusebio Poncela y Terele Pávez están asimismo en el cartel-, a excepción de Clint Eastwood, el mito de Julián de quien el especialista conserva un montón de recuerdos y un poncho 'que todavía huele a él'. 'Hicimos lo posible para que viniera', contó el director, 'incluso le enviamos una carpeta explicándole que toda la película era un homenaje a él, pero creo que ni siquiera le llegó'.

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http://www.velvetrockmine.com.ar/notas/rc028.htm

800 BALAS, de Álex de la Iglesia
UN NIÑO JUGANDO EN EL LEJANO OESTE


En su sexta producción, el director español aparece decidido a demostrar que puede hacer una historia en la que los caracteres se muestren de formas mas directas y naturales, abarcando a un público más cercano al cine mainstream.

El film se presenta como un homenaje al spaguetti western, al cual se accede mediante la historia de un niño llamado Carlos, quien emprende la búsqueda a su abuelo Julián (Sancho Gracia), que trabajó como doble de cine. En la actualidad, Julián tiene otro trabajo poco convencional íntimamente relacionado con aquel, y recuerda a quien quiera oírlo, que fue doble de riesgo de Clint Eastwood.


En el pueblo español de Almería, donde se rodaban las viejas películas del género western, Julián hace de sheriff y guía a los visitantes extranjeros que pagan 10 euros el acceso. Así como también son parte del staff un simpático hombre colgado de la horca, la mesera del salón, las chicas bien dotadas que bailan el can can, el villano de turno. No falta un cowboy que cae desde el techo de una casa y otro q es arrastrado por un caballo. Así es el lugar. Posee su costado romántico aunque decadente. A esa decadencia llega Carlos, nieto de Julián, en busca de datos sobre su padre ya fallecido, a quien nunca conoció. Y lo hace escapándose de una excursión a la nieve con sus compañeros de escuela, a espaldas de su rica y protectora, exigente, madre, Laura, el personaje que encarna Carmen Maura, quien se dedica a los negocios inmobiliarios. Luego los negocios inmobiliarios de Laura chocaran con la sinceridad y el sentimentalismo de Julián, y el niño deberá tomar partido.

Como en toda película de Alex de la Iglesia, el humor corrosivo se hace presente en escenas que son graciosas no tanto por lo que se cuenta en sí, sino por la forma. Los gestos, actitudes y reacciones puntuales de los protagonistas generan pasajes amenos y simpáticos. Las imágenes mas logradas son las que refieren al viejo oeste. Es decir, parece por momentos una verdadera película del oeste si olvidamos la ficción dentro de la ficción.

Este filme no es de lo mas destacado del director español, pero al hablar de una película no demasiado destacada de Álex de la Iglesia, estamos hablando de un producto correctamente logrado. Es sin dudas, más abierto que sus anteriores producciones, y puede hacer reír a sus seguidores como al público en general, no habituado al cine de autor. Funciona como una buena introducción al director y a su mundo, tan particular como atrapante.

Juan J. Fontana

Publicación: Octubre 2003